Figura histórica de Calasanz, marcada por la marginación y el olvido

Si la historia escolapia está llena de luz, la persona histórica de Calasanz está marcada, más bien, por la marginación y el olvido. En este aspecto cabe destacar un largo artículo que la UNESCO publicó en su revista Perspectivas el mes de junio de 1997. Su autor, Josep Domènech i Mira, nos dice que, mientras la historia ha hecho una merecida justicia a Comenio (obispo luterano checo, posterior a Calasanz, cuyo nombre está actualmente asociado a un programa de investigación educativa de la Unión Europea, el Programa Comenius, dentro del Programa Sócrates), «no ha sido tan justa con Calasanz, quien, si bien ha tenido en ciertos momentos gran prestigio en España, en Italia o en Europa central, ha sido víctima de un cierto olvido a escala internacional, como demuestra la escasa atención que le han dedicado muchas historias de la educación». ¿A qué se debe este desconocimiento internacional?.

El autor nos da unas pistas: la excesiva exaltación de su santidad por sus biógrafos; el que se haya resaltado su dimensión religiosa en detrimento de la pedagógica; y el que Calasanz haya dejado pocos documentos escritos de carácter sistemático. De hecho Calasanz escribió muchísimo, pero, frente a Comenio, que fue un teórico de la educación, Calasanz fue sobre todo un hombre de escuela, preocupado más por dar respuesta a problemas prácticos y organizativos que a escribir grandes tratados.

Este desconocimiento no se circunscribe al mundo académico y afecta también, curiosamente, a la Iglesia. Esto se debe en parte a la falta de expansión de los escolapios, y a que éstos no siempre han tenido suficiente interés por promocionar a su fundador. Sólo en las últimas cuatro décadas es cuando vemos en las Escuelas Pías un resurgir de la figura del Fundador, con buenas biografías escritas por escolapios (Santha, Bau, Cueva, Giner, López…) y libros dedicados a su pensamiento espiritual, pastoral y pedagógico. Quizá por la desidia de sus propios hijos, la Iglesia Universal no ha concedido al recuerdo de Calasanz, verdadero «Doctor» de la Iglesia en pedagogía, más que el rango de memoria libre, aspecto que permite a los sacerdotes y religiosos el decidir si quieren o no celebrar la festividad de un santo generalmente poco conocido. Por si fuera poco, esta fiesta litúrgica de San José de Calasanz, que se celebra en el aniversario de su muerte, el 25 de agosto, es compartida por San Luis, rey de Francia, que por orden cronológico aparece primero en los breviarios y misales, lo que provoca que muchos religiosos y sacerdotes del mundo entero no hayan nunca leído nada del padre de la escuela popular y gratuita. Cada iglesia local, por otra parte, ha ido embelleciendo su historia con la aparición paulatina de grandes santos nacionales dedicados a la educación. La iglesia francesa cuenta con la figura de San Juan Bautista de la Salle, fundador, unas décadas después de Calasanz, de los Hermanos de La Salle. La iglesia italiana alaba al Señor por San Juan Bosco, casi contemporáneo nuestro. Por todo ello no es difícil encontrar hoy en día a católicos de muchos países que nunca han oído hablar de Calasanz.

Como educadores es necesario que nos replanteemos la reivindicación de la figura de Calasanz. Hacer esto, pienso que no debiera ser por una simple nostalgia histórica o por orgullo, sino por la permanente actualidad de su mensaje y por la inspiración que puede seguir dando a futuras generaciones de maestros, profesores y catequistas.

Fuente: José de Calasanz, Padre de la Escuela Pública Europea – Juan Yzuel

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