La figura del tío en la obra de Hogares Calasanz

Llamamos tíos y tías a los educadores y colaboradores cercanos al Hogar. El director, los educadores, la cocinera, son sus tíos. Ninguno se presenta como mamá o papá, pues estos términos son muy conflictivos y no podemos usurpar dicha ‘función’ existencial, aunque sí significamos las figuras paternas y maternas indispensables en el desarrollo de los muchachos en la vida práctica.

         La figura del tío, nomenclatura propia de nuestra metodología formativa, rescata a la figura de un familiar cercano que brinda el cariño paterno y materno cuando éste se encuentra ausente a los niños, miembros de una familia, que en el caso de Hogares Calasanz son los niños abandonados y maltratados en situación de calle. Por lo tanto, no es un educador asalariado y menos un custodio; tampoco una persona externa a la dinámica de un Hogar, una presencia que sólo observa y señala, sino un familiar que se involucra, se empapa, se mete hasta lo más profundo de los rincones del alma del niño y de los jóvenes, para ofertar el amor ausente, negado desde la más tierna infancia. Y esto requiere de una vocación específica, de un carisma otorgado por Dios.

Es un “familiar” que estima, corrige, aconseja, propone, guía, orienta, reprende y muestra con su propio ejemplo patrones de comportamiento. Cuando dice amor es porque ama, cuando dice perdón es porque perdona, cuando dice Dios bendice, cuando dice hagan es porque hace. Es el último de la fila para que todos sean primero, el servidor de todos, el que se levanta primero y se va a descansar después de que todos han dejado su energía en la conciliación del sueño. El que todo lo pierde para ganar la dignidad de un hijo que llega al Hogar sin condición de hijo, sin conciencia de ser un hombre. El que se entrega porque sabe de lo divino de su trabajo. El que ama a Dios en la cruz del hijo, de cada uno de los niños y jóvenes en situación de calle.

         El tío de Hogares es una persona, un hombre y una mujer que siente, que padece, que se alegra, que se entristece, que se goza, (…) Es de carne y hueso: se cansa, se irrita, se impacienta, se desilusiona. Hombre y mujer que ríe y llora, grita, se desespera; que tiene derechos y obligaciones, que se proyecta más allá de un bienestar social. Es un revolucionario que ante toda dificultad antepone la convicción de seguir soñando y haciendo realidad los sueños de los niños y jóvenes que le cuestionan, pero que por encima de sus límites siempre ve sus oportunidades.

         El tío de Hogares es un familiar que ama y en su amor forma hombres nuevos y libres, el que transforma una piedra en bruto en un diamante bello, en una piedra preciosa que a la postre brillará con luz propia.

         El tío de Hogares es la figura central en el proceso formativo de Hogares Calasanz. Su papel es insustituible. De su calidad personal de vida se desprenderá, en gran medida, la calidad de vida de cada uno de los niños que acompaña. Es el reflejo del amor ausente, las manos de Dios, el corazón de Dios, la ternura de Dios hecha realidad para cada uno de los niños y jóvenes que un día le imploraron cuidados y atenciones. Es su milagro, su compañía en medio de la soledad, su seguridad que le proyectará a un futuro prometedor, su fundamento para crecer en el amor.

         Por lo anterior, no está de sobra mencionar, que la figura del tío y de la tía, merecen todo nuestro respeto y admiración. Su entrega va más allá de sus deberes.

         En Hogar Calasanz, los niños como cualquier familia se llaman hermanos o primos, y de otros modos cuando tienen conflictos, que conviven en torno a la figura de un tío. A él van dirigidos los gritos. De ellos hablan al final de la historia.

Fuente: Reyes Muñoz Tónix. Hogares Calasanz. Los niños y jóvenes en situación de calle y su formación.

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