Los sueños

Toda persona sueña. Esta es una cualidad inherente al ser humano. Pero debemos admitir que hay personas que sólo imitan, no tienen sueños propios. Las que sueñan aspiran, trascienden; las que imitan son viles copias.

La imitación es una constante en las personas que “no tienen” sueños, o no se atreven a soñar. Para soñar se necesita creer, para creer se necesita ser, no sólo existir o subsistir (sobrevivir).        

Cuando un niño llega a Hogares Calasanz, me atrevo a pensar con base en la experiencia, no tiene sueños, tiene fantasías y miedos. No ha aprendido a soñar, ha aprendido a fantasear para huir del miedo. Existe, pero es en otros, imita, copia para no ser él mismo. Pone en su persona rasgos de otros, preferentemente fuertes, grotescos, que infundan miedo.

No sueña, tiene pesadillas, y las proyecta con juegos bruscos. En su inconsciente tiene que estar siempre a la defensiva, por eso es violento y con apariencia de “malo”, para ahuyentar a los fantasmas que lo persiguen de día y de noche. Él no lo sabe, pero lucha internamente con un ‘universo’ lleno de palabras que no comprende: amor, cariño, éxito, comprensión, dignidad,…, son conceptos que no están en su vocabulario, no encuentran una correspondencia con las limitadas palabras que rondan en su mente. Pero palabras como dolor, sufrimiento, hambre, rechazo, humillación, descalificación, ofensas, insultos,…, son palabras que entiende muy bien  y que asocia espontáneamente en su vida, porque las ha vivido.

La fantasía, entonces, se apodera de su mente y de su vida. Tiene que ser otro para que no sufra, tiene que ser distinto para que no sienta,…, el tiempo no le alcanza para soñar, sólo le alcanza para huir, por eso recurre a la fantasía. En ella él es otro. Otro niño, otra persona, otro individuo. En su fantasía su familia es buena, tiene para dar, no es miserable. En ella la calle es una “feria”, una plaza de múltiples sonidos y colores, no un lugar de soledad y dolores. Por eso la busca, por eso la añora. Aunque no tenga nada que ofrecerle, para él es el lugar de su seguridad.

El niño crece y se desarrolla, pero le faltan sueños. Sus aspiraciones son ser copia, imitación, de lo único que han visto: grito, dolor, sufrimientos, llanto, miedo. Para soñar debería saber lo que es aspirar a otras realidades. Pero, ¿cómo? No tiene un referente, ¡nunca lo ha tenido!, sus metas son cortas, porque nadie le ha enseñado el sentido de la trascendencia; todo ha sido maltrato, gritos, hambre, golpes, frío, soledad.

Cuando un niño duerme en compañía de un ser amado, entonces sueña. No es lo mismo conciliar el sueño con una sonrisa que con un grito. El abrazo tierno de la madre o del padre le dan seguridad al niño. El niño se entrega al sueño porque está confiado, porque se experimenta seguro, porque sabe que alguien vela sus sueños.

En el momento que un niño en situación de riesgo de calle ingresa a Hogares Calasanz, su universo de significados se transforma. Las relaciones humanas son un universo de significados y signos distintos. Todo lo que ve le enseña, todo lo que toca lo educa, pero también, todo lo que toca lo lastima y lo hiere, porque evoca recuerdos vacíos del pasado. El educador (tío o tía) pueden ser un facilitador de experiencias positivas o un obstáculo para su crecimiento y sus sueños.

  En el proceso de formación, los niños poco a poco irán adquiriendo confianza en sí mismos. Su existencia cobrará sentido en este nuevo universo de relaciones afectivas, aprenderá a dormir sin preocuparse por el mañana. Experimentará que vale sin tener que defenderse, que vale por lo que es, y soñará tranquilo. Aprenderá que el adulto le sirve, que no se sirve de él; que es tratado como persona, no como objeto intercambiable; que alguien vela su sueño mientras él duerme y descansa.

Aprenderá a soñar. Los miedos desterrados serán testigos mudos de un cambio de conducta que iremos constatando con el tiempo, si tenemos la capacidad y el tino de invertir en su formación, no sólo en su manutención. Las pesadillas que se apoderaban de la noche, irán disminuyendo con el tiempo. Desaparecerán las ropas orinadas por el miedo, la inseguridad a la noche, el terror al silencio. Descansarán, quizá, por primera vez.

El niño se transformará paulatinamente, siempre y cuando nadie le vuelva a infundir miedos. Un trauma no lo provoca un golpe o un grito aislado de un referente afectivo. El trauma lo provoca el sentido, el significado, que va implícito en el golpe. Si te pega o grita un extraño, el golpe y la frase duelen física y mentalmente por un rato; sin embargo, como no están asociadas a un sentimiento o afecto, no hieren ni se quedan registrados esos eventos en la memoria. No así el golpe y el grito de quien te dice que te ama; quien te ama no necesita pegarte para herirte, su desprecio e indiferencia es suficiente para lastimarte y causarte un daño.  

  En Hogares Calasanz ‘enseñamos’ a soñar soñando primero, a tener confianza confiando, para que los niños y jóvenes sueñen y crean en sí mismos. Aquí descansa la razón de ser de Hogares… Hacemos realidad el sueño del amor en cada acto, en cada acción, en cada detalle. Lo más hermoso de soñar en Hogares es que cada niño pueda hacer realidad sus sueños; que no vivan de fantasías, de imágenes irreales, sino de realidades propias. Que aprendan a amarse y quererse sin remiendos, y desde este andamiaje, construir una vida llena de sentido y significado, tensionada por los sueños que los impulsen a lo que quieran ser: el mejor jugador de fútbol, el mejor taxista, profesionista o piloto aviador; el mejor policía, el mejor soldado, el mejor político; el mejor cantante o actor de cine; el mejor hijo, padre o madre; el mejor ser humano; el mejor creyente en Dios.

Reyes Muñoz Tonix.

Marzo 2015

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