Memorial al Cardenal Tonti

El Cardenal Miguel Angel Tonti (1566-1622) era el relator de la Comisión pontificia encargada de estudiar la aprobación de las Constituciones y la conveniencia de conceder a la Escuela Pia el rango de Orden religiosa de votos solemnes. Calasanz le dirige un memorial para justificar la existencia de la Orden de las Escuelas Pías entre las instituciones de la Iglesia.

Este documento se ha convertido en una pieza fundamental para la historia de la Orden. Su valor estriba en que se trata de la mejor definición de la naturaleza, de los objetivos y de la importancia del instituto. En realidad Calasanz expone las razones que le impulsan a solicitar la concesión del rango de Orden por parte de la Santa Sede, ya que espera de ello la consolidación de su obra educativa.

El camino que ha seguido hasta esta petición ha sido largo. Desde su primera experiencia en Santa Dorotea, donde comenzó sus lecciones en la sacristía de la humilde parroquia del Trastevere, Calasanz había comenzado solicitando a jesuitas y dominicos que tomaran en mano la dirección de su pequeña obra, después buscó el apoyo de maestros y seglares que le ayudaron, pero no fueron capaces de seguir su ritmo ni de implicarse en una obra fundada en la benevolencia que, a su parecer, carecía de futuro. Calasanz tomó conciencia de que solo un vínculo religioso podría comprometer a unos colaboradores fieles para que no abandonaran la obra. En un principio, la Santa Sede sugirió la asociación de las Escuelas Pías con la Congregación Luquesa creada por San Juan Lonardi: los luqueses aportarían el espíritu religioso para llenar de contenido la obra de José de Calasanz. Pero, la experiencia no funcionó. Los luqueses preferían dedicarse al culto y a la dirección espiritual y no se sentían atraídos por la labor de la escuela.

Fue entonces, después de consumarse la separación con los de Lucca, cuando el Papa Paulo V que miraba con simpatía la obra de Calasanz organizó las Escuelas Pías como una Congregación Paulina en 1617. Calasanz intentará más tarde dar estabilidad al grupo solicitando la aprobación de las Escuelas Pías como una Orden de votos solemnes. Esta petición, después de que el Concilio de Letrán había prohibido la creación de más órdenes religiosas, parecía insólita y obstinada. Pero Calasanz no buscaba obtener un privilegio sino la firmeza necesaria para que su Instituto no se resquebrajase a causa de unos votos temporales, fáciles de abandonar. Fue este deseo de dotar de solidez a su instituto de las Escuelas Pías lo que le llevó a presentarse delante de la Santa Sede con esta petición de que las Escuelas Pías fueran elevadas al rango de Orden religiosa.

Cuatro meses de estancia en Narni permitieron a José de Calasanz redactar sus Constituciones y a mediados de marzo de 1621 las presentó al papa Gregorio XV para su aprobación. Esta aprobación llevaba implícito el reconocimiento de la Escuela Pia como Orden religiosa. El Papa constituyó una comisión de obispos, presidida por el Cardenal Tonti, para el estudio de la cuestión. Pero el dictamen de la comisión fue desfavorable a la creación de una nueva Orden, esgrimiendo la consabida razón de que el Concilio IV de Letrán había prohibido la fundación de nuevas órdenes religiosas.

Ante esta negativa Calasanz se armó de valor para emprender la defensa de la conveniencia y de la oportunidad de su instituto con un memorial dirigido al Cardenal Tonti. que es una pieza maestra de su pensamiento pedagógico. Los historiadores de la Orden no dudaron en calificarlo de “tesis doctoral de Calasanz” o de “canto original a la tarea educativa” puesto que pone en evidencia su convicción profunda sobre el valor de la educación y la firmeza de su carácter. El texto operó la trasformación de la actitud del cardenal y convirtió sus dudas en convicciones, hasta el punto que de opositor se transformó en colaborador de las Escuelas Pías.

La comisión que él presidía cambió su dictamen sobre la petición de Calasanz y aconsejó al papa elevar las Escuelas Pías a la condición de Orden religiosa. Fruto de su adhesión a la obra de José de Calasanz fue el legado de una parte de su patrimonio para la fundación de un colegio donde los niños pobres fueran alimentados y educados gratuitamente. Es así como se erigió en Roma el Colegio Nazareno.

La intención del documento es responder a las objeciones a la creación de una nueva Orden y declarar que las Escuelas Pías deben ser aprobadas, a pesar de la prohibición del Concilio IV de Letrán. Los motivos aducidos por Calasanz se expresan con un ardor inusitado y con una gran convicción. Todos ellos se fundan en la constatación de la necesidad de la educación de los niños en todos los países cristianos, sobre todo ante la falta de instituciones que se dediquen exclusivamente a este fi n. La presencia de las Escuelas Pías viene a colmar este vacío y ofrece un futuro mejor a la Iglesia y a la sociedad a través de sus religiosos, consagrados por los votos a la misión de acoger y educar a los niños pobres.

Fuente: Buenaventura Pedamonte i Feu. El Pensamiento de San José de Calasanz. En https://edicionescalasancias.org/wp-content/uploads/2017/10/El_pensamiento_castellano_web.pdf

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *