Un día del niño diferente

A todas nuestras niñas y niños, felicidades en su día.

            No sabes cuánto quisiera que el contexto fuera distinto; que lo que estamos viviendo de la pandemia del COVID-19 no estuviera amenazando nuestro entorno, a nuestros familiares, a nuestros amigos y a la sociedad entera. Que no tuvieras que estar confinado, encerrado en la casa, sin poder salir a la calle o al parque, recibiendo explicaciones de los adultos de que algo allá fuera acecha y puede hacerte daño a ti y a los que amas. De oír que los abuelitos y las abuelitas son los que corren más peligro. De que los hospitales, en ciertos lugares, están llenos de enfermos, y de que en el ambiente se respira miedo e inseguridad, y muerte. Que papá o mamá peligran en el trabajo, y que hablan despacio, a escondidas en el comedor, la sala o la habitación, para que tu no te enteres.

            Sin embargo, esta es nuestra realidad y no voy a engañarte. En este día del niño y la niña debemos cuidarte y cuidarnos todos. El amor en estos tiempos implica cuidar con cariño a quien se ama. No tendremos una fiesta como el año pasado, con globos, confites, comida, juguetes, regalos y algunos invitados. Hoy estaremos en casa, solo nosotros, para cuidarnos y cuidar a los demás. Haremos oración por todos los niños y las niñas del mundo, por sus amiguitos de la escuela, por nuestras amistades (tíos y tías) que tanto nos quieren y están al pendiente de nosotros. Haremos oración por todos los enfermos y sus familiares, por los doctores, las y los enfermeros y las personas que trabajan en los hospitales y al cuidado de la salud de los demás. Haremos oración por todos los que tienen que salir a trabajar para ganarse el pan de cada día, y por todos lo que pueden quedarse en casa, contribuyendo a que el coronavirus no se expanda. También por todas las personas que están cuidando a ancianitos en sus casas, o en diferentes Centro de Atención. Por quienes salen a cuidar a niños y niñas en casas hogar, como la nuestra, o albergues, o estancias infantiles, casas cuna, que necesitan de cuidados y atenciones. 

            En lugar de recibir, hoy festejaremos compartiendo, dando, ayudando. Compartiendo lo que tenemos con quien lo necesita; cambiando los juguetes por alimento, por ropa, por medicina. Dando alegría a los que tienen tristeza; consuelo a los que tienen desesperanza; paz a los que están atribulados. Festejaremos un día del niño y la niña en austeridad, pero con un corazón solidario y lleno de sonrisas ayudando a nuestro prójimo. ¡Claro que partiremos un pastel!, pero nuestro alimento principal será el juego y las caritas llenas de carcajadas y alegrías; la dicha y la felicidad de tenernos cerca, de poder ver la luz del sol y sentir el aire que nos acaricia.

Nos daremos el regalo más hermoso: el de estar juntos, el de estar vivos y contentos; el de tener salud, sueños, esperanza y fe. Abriremos el baúl de los recuerdos que guardan tantos te quiero, tantos te amo, tantos te necesito, y haremos un intercambio de todo aquello que alimenta al alma. Y pondremos en el centro del festejo el corazón.

            Queridos niños y niñas. Felicidades en su día. Dios les conceda una vida llena de bendiciones y sueños realizables, no sólo imaginarios. Y que nosotros, los adultos, les proveamos un mundo lindo, hermoso, limpio, sin guerras ni enfermedades, sin tantas cosas superficiales, porque esta experiencia, la de la pandemia, debe dejarnos una lección de vida. Esta Tierra es nuestra única casa común que, de momento, podemos dejarte en herencia. Y necesitamos arreglarla, embellecerla para ti, para que tengas muchos días de fiesta.

            ¡Feliz día del niño y la niña!

Reyes Muñoz Tónix. SchP

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